“Por el respeto a la vida y la construcción de principios y valores”

Apreciados amigos y queridos lectores, se podría afirmar fácilmente que este programa o política, tendría aplicación en cualquier país del mundo. Las circunstancias y condiciones, así como las causas del deterioro moral y ético de las sociedades, tienen una gran similitud, y por ende la formulación de políticas de aprendizaje, corrección de modelos, implementación de procesos de consolidación y mejoramiento, en el comportamiento de los diferentes grupos sociales, tendría gran similitud y coincidencias.

Pero vamos al caso que nos ocupa, que es de nuestro interés, el de Colombia. Para todos los analistas y expertos, como para el ciudadano del común, las actitudes y comportamientos del ser humano, parten de la premisa de la buena educación y de la formación recibida en el hogar, continuada en el colegio o la escuela, como base fundamental de su vida. Con menor efecto, en el ambiente o escenario que se mueva posteriormente.

Los principios, los valores morales, la ética, la responsabilidad, la autoestima, la urbanidad, los buenos modales, el respeto por los demás, la no violencia, son entre otros, términos de referencia para mirar la perdida de cada uno de ellos, entre nuestros niños, los jóvenes, en las mujeres, y en general entre nuestros conciudadanos.

La valoración y el respeto por la Vida, como eje fundamental de nuestra sociedad, se perdieron. Así de claro, se mata más fácilmente a una persona, que a un animal. Por un celular, por un cigarrillo, unos tenis, por un portalibros, se acaba de dos puñaladas, con la vida de un niño, de una madre, de un padre de familia, de un estudiante, de un profesional, de un discapacitado, de un taxista o de un sacerdote.

Esto es lo más grave, que le ha pasado a nuestra sociedad. La formación religiosa, tanto en los hogares como en la escuela o el colegio, fueron un gran soporte moral y de conducta de la mayoría de los ciudadanos. Hoy eso no existe, fue abolida y borrada de un tajo.

Ahora bien, la Familia como núcleo fundamental de la Sociedad, ha tenido por diversas razones, una pérdida de ese papel preponderante que ha jugado. El desbarajuste de los hogares, ha hecho que el papel del Padre y de la Madre, en un grado importante se hayan desvirtuado, generando un quiebre en la unidad familiar.

El ingreso de la mujer al mercado laboral, cosa por demás muy importante como un aporte al país, y en muchos casos como fortaleza a la economía del hogar. La presencia de la mujer a través de la historia, en la vida nacional, en la política, en el sector financiero, en el deporte, y en otros campos, ha sido de extraordinarios resultados.

Como siempre no todo es perfecto, y en muchos casos, han abandonado algunas de ellas, como parte vital y fundamental de un hogar, su papel de madres, dejando a la deriva la formación, la educación y la estabilidad de sus hijos, en manos de una mujer analfabeta, sin cultura ni conocimientos, para dirigir una familia. Por lo general, los hombres en forma también irresponsable no llenan ese vacío. Su éxito profesional prima sobre sus hijos y su hogar. Donde está la madre, todo funciona a las mil maravillas. Esa es la realidad.

El famoso artículo 19 de nuestra Constitución Nacional, sobre “El libre desarrollo de la personalidad”, ha sido funesto, ha causado mucho daño, principalmente a nuestra juventud. El niño y el ser humano en general, son como piedras preciosas en bruto, que hay que estar puliendo permanentemente, como las esmeraldas, hasta dejarlas como la piedra más linda. Sin embargo, por acciones judiciales y tutelas se fue abriendo paso a fallos y providencias, en los que en el mejor de los casos, se dio paso a la pérdida de autoridad en temas graves, de los padres frente a los hijos, y de las directivas y profesores de los colegios, frente a sus alumnos, y de las autoridades frente a sus ciudadanos.

Eso ha derivado en temas más graves, como el consumo de narcóticos y alcohol por niños y adolescentes, dándole a Colombia un puesto importante, ya no solo como productor de alucinógenos, sino como consumidor. Ya debemos ir pensando en ello, como un problema de salud pública. Pero no solo esto, ya tenemos niños de 9, 10 y 11 años, para no hablar de menos edad, que bajo los efectos de estas drogas, están asesinando ciudadanos y haciendo trabajos para las bandas criminales.

En los adolescentes, la tasa de suicidios cada día aumenta, la esquizofrenia, el aborto, muertes por sobredosis, muertes en riñas, en accidentes de tránsito, violencia intrafamiliar, violaciones, etc., son el pan de cada día en nuestras ciudades.

El espectro es muy grande, pero no podemos dejar de mencionar, el narcotráfico como tal y la corrupción, dos plagas que le están haciendo muchísimo daño a nuestro país. La corrupción en todos los niveles del estado y en muchos del sector privado, son inimaginables. La cifra en billones que se traslada a los bolsillos de los corruptos, permitiría acabar con los altísimos niveles de pobreza y de desocupación, de nuestro país. Este desangre está afectando la inversión en sectores tan importantes como la salud, la educación, la vivienda, etc.

Los miles y millones de dólares invertidos en esta lucha contra el narcotráfico, más la cantidad de vidas ofrendadas, por inocentes ciudadanos, por jueces, soldados y policías de nuestra patria, acompañado esto con el criminal y absurdo accionar de la guerrilla y las bandas criminales, son el peor lastre de nuestra historia.

Como cambiar esta grave situación, que hoy agobia a todos los estamentos de nuestra sociedad. Ese es el gran reto que asumimos. Ya tenemos nuevamente un sujeto de la extrema izquierda, que aspira a ser Presidente de la Republica, pero que no lo será, que ya le comunicó al país, que todo lo que le huela a la conservación y restauración de los principios y valores en nuestra sociedad, como también la religión serán borrados del mapa, igualmente imágenes sagradas tales como los Cristos en los colegios y oficinas públicas, entre otros, cuando todo esto ha sido por siglos la base de nuestra sociedad. El pretexto, que somos un estado laico, pero lleno de descomposición social.

Nunca seremos ciudadanos vergonzantes, respecto a nuestros principios y valores, que tanto le hacen falta a la sociedad de hoy. Con mucha firmeza defenderemos todo lo nuestro. Nadie nos arrebatará nuestra querida Patria, y todo lo que ella representa.

20/10/2021 | Nelson Roberto Pardo Giraldo

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