¿Por qué los mamertos se están dividiendo?
¿Por qué los mamertos se están dividiendo?
6/06/2026 | Por Eduardo Mackenzie
Es obvio que los comunistas colombianos están embarcados en una pelea contra ellos mismos. Si leemos el semanario Voz, órgano del mamertismo, vemos que dos corrientes se han formado. De un lado están los que braman y amenazan con hacer “invivible” este país durante la presidencia de Abelardo de la Espriella —es lo que anunció Viviana Marín, la cabecilla de la JUCO—, y, del otro, los que admiten sotto voce que Iván Cepeda perdió, que impugnar la elección de Abelardo de la Espriella es imposible a menos de tener pruebas irrefutables y que hay que buscar otra salida.
Jaime Cedano Roldán, un veterano dirigente del PCC, escribió esto en Voz el 1 de julio: “Rechazar el escrutinio solo podía realizarse con elementos probatorios absolutamente contundentes que las cuestionadas autoridades electorales no pudieran refutar, y que tuvieran además un amplio respaldo nacional e internacional.” (1) Cedano, claro, pretende jugar en dos equipos a la vez: dice lo anterior y enseguida afirma —aunque no tiene pruebas— que la victoria del Tigre es “fraudulenta”.
Hay un bando aún más rabioso que acusa a Iván Cepeda de haber usado su liderazgo “para entregar el país y el proyecto al fascismo” y de haber “traicionado” a su partido por reconocer el dictamen del Consejo Nacional Electoral sobre el triunfo de Abelardo el 21 de junio. En ese sector, Daniel Mendoza Leal. alias “matarife”, un fanático perseguidor del expresidente Álvaro Uribe, a quien el escritor Mario Jursich Durán calificara un día de “pésimo escritor” y “sabueso mal informado”, le lanzó a Iván Cepeda con gran nobleza: “¡Usted nos vendió!”, “¡Usted nos escupió en la cara!”.
Para reacomodarse con el sector más rabioso, el derrotado Cepeda improvisó aquello de que si el presidente De la Espriella no renuncia al cargo para el que fue elegido “no lo vamos a reconocer como jefe de Estado”. ¡Patético! El nuevo gobierno no dependerá de si lo “reconoce” o no una minoría de exaltados. Cepeda odia la democracia y a los colombianos.
El senador comunista reafirma el origen remoto de su delirio. En enero de 1918, como los bolcheviques no habían obtenido la mayoría en la asamblea Constituyente rusa (de 40 millones de votantes ellos sólo recibieron 10, 16 obtuvieron los socialistas revolucionarios de derecha, 3 millones el partido liberal K-D y un millón y medio los mencheviques), Lenin logró, sin el menor respaldo de la población, pero tras una agresiva campaña de propaganda sobre la “inutilidad” de la AC, y con ayuda del bandido Jelezniakov y de Uritsky, el jefe de la Cheka, cerrar a balazos la única asamblea democráticamente elegida de la historia rusa.
¿Cepeda quiere hacer lo mismo contra el Congreso y el poder ejecutivo el 7 de agosto? Él sabe que el palo no está para cucharas y que el mamertismo está minado por dentro pues el violento y corrompido régimen de Gustavo Petro le abrió los ojos al mundo y sobre todo a una parte de la maleable juventud cobardemente intoxicada por Fecode.
Los mamertos más lúcidos —Jaime Cedano vivió varios años en España— saben que organizar un nuevo “estallido social”, como el de 2021, es hoy más riesgoso. El llamado “progresismo” está golpeado y dividido pues el veredicto de las urnas en 2026 cambió todo en Colombia y el gobierno entrante tiene muy poco de timorato. Además, la caída de Nicolás Maduro en Venezuela, la guerra a muerte entre facciones de las Farc, del ELN y del Clan del Golfo, y la intensificación del combate internacional contra el tráfico de drogas, están pesando mucho. Y algo que es esencial: el gobierno del presidente Trump se muestra dispuesto a ayudar a Colombia a reconstruir sus instituciones, su economía y su posición en el campo occidental.
Las exigencias de los jefes del PCC suenan, pues, más y más irreales. El alegato de Luis Guillermo Pérez que pide al Consejo de Estado que suspenda la ciudadanía colombiana de Abelardo “hasta que renuncie a su ciudadanía estadounidense”, es la mayor prueba de que los jefes extremistas aborrecen la Constitución de Colombia.
¿Esos rasgos incipientes de confusión y fractura interna son el comienzo de un desprendimiento mayor de activistas rojos? ¿Estos han comprendido que el fracaso de Petro no se debe únicamente a su carácter errático, a su ignorancia e inmoralidad, sino al atroz sistema societal que intentó imponer a la fuerza?
Es posible que ello refleje la existencia de personas que entienden por fin que seguir al servicio de un tal totalitarismo es una señal de cretinismo intelectual.
El gobierno de Abelardo de la Espriella tratará de relanzar la economía, de liberar al país del narcoterrorismo, de poner en la cárcel a los corruptos y al crimen organizado. Son tareas de primer orden. Sin embargo, éstas perderán fuerza si no protegemos la libertad de prensa y el derecho a la información verificable, si abandonamos el combate ideológico contra la subversión comunista, si no protegemos a la juventud contra el adocenamiento que puede generar la ciber-tecnología.
(1).- https://semanariovoz.com/la-desobediencia-civil/
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