Precampaña 2022: trancón de candidatos por el “centro-centro”

Si bien faltan dieciocho meses para la primera vuelta de la elección presidencial, en mayo de 2022, es claro que estamos a menos de un año del arranque de la campaña para la sucesión de Iván Duque. De hecho, ya hay más de una veintena de dirigentes que han expresado su interés por competir, empezando por varios de los que fueron precandidatos o candidatos en 2018.

Aunque es claro que todavía es muy temprano para señalar quiénes  de esa atiborrada baraja de eventuales aspirantes tendrán chance real de pelear por ser los titulares de la Casa de Nariño dentro de apenas veintiún meses, desde ya se pueden empezar a identificar algunos de los énfasis de campaña. Por ejemplo, la mayoría de quienes han exteriorizado sus intenciones de buscar la primera magistratura coinciden en que quieren ser los abanderados del “centro” del espectro político e ideológico en Colombia.

Si bien no es un planteamiento nuevo, ya que está comprobado que no es aconsejable, desde el punto de vista de rentabilidad política y electoral, proyectarse como un candidato de la extrema derecha o la izquierda, y menos aún en un país que lleva dos décadas marcado por una profunda polarización ideológica, la cantidad de aspirantes que dicen estar ubicados en el “centro radical” del espectro político resulta, más que llamativa, confusa.

¿Qué es el centro en el escenario político colombiano? Esa sería la primera pregunta a despejar para esclarecer hacia dónde se dirigirá la contienda presidencial. Sin embargo, es muy complicado poder identificar un conjunto base de ideas, programas y criterios que debe cumplir quién se considere de este sector del espectro político.

Y es que más allá de las definiciones políticas clásicas y teóricas, en Colombia en el “centro” caben muchas expresiones, perfiles y posturas, pese a tener orígenes muy distintos. Por ejemplo, Gustavo Petro y Sergio Fajardo, excandidatos presidenciales de 2018, al punto que el primero perdió en la segunda vuelta pese a sumar más de ocho millones de votos, se autoproclaman como abanderados del “centro” del escenario político. Esto pese a que uno nació en la izquierda armada y luego hizo tránsito a la legal, en tanto el segundo, tanto como Gobernador y alcalde, siempre ha tenido posturas que lo encuadran en la centro-izquierda.

El propio Centro Democrático, plataforma del uribismo, se bautizó así con la abierta intención de no ser identificado como una colectividad de claros orígenes y posturas en la derecha o la centro derecha. Incluso otros partidos como Cambio Radical y los conservadores, que se ubican del centro a la derecha, o los liberales o La U (bajo los gobiernos de Santos), más situados del centro a la izquierda, insisten en presentarse como colectividades ubicadas en el centro-centro.

Votos más que ideas

“… Las líneas programáticas e ideológicas en Colombia, ya sea entre los candidatos o los partidos, están muy difusas… Incluso, bien se puede concluir que para algunos dirigentes políticos hoy considerarse de centro- centro o de centro-radical en el panorama político nacional, responde más a la certeza de que es allí, en el centro, en donde está ubicada la principal masa de electores… Entonces la pelea por mostrarse como el candidato más genuino o que mejor representa o encarna el ideario del centro de la política, tiene un móvil típicamente electoral, sin mayor matiz ni diferenciación ideológica”, le dijo a EL NUEVO SIGLO un reconocido politólogo de una de las principales universidades del país, que pidió la reserva de su nombre porque la facultad a la que pertenece les ha pedido limitar lo más posible emitir criterios sobre cuestiones políticas para que “el claustro no quede encasillado, como ya ocurre con algunas universidades, como cercano a tal o cual partido, candidato o tendencia política”.

Agregó la misma fuente que “… ello explica por qué el uribismo, el petrismo, el fajardismo, el martaluchismo y todos los ismos que se pueden traer a cuento dicen que no son de izquierda ni de derecha, que son ajenos a la polarización, que buscan los consensos antes que la confrontación ideológica o programática… Es más, en una actitud que raya en lo vergonzante, pues todo el país sabe de dónde vienen o quién los apoyó o a quién o qué ideas defendieron, hasta le huyen a ser ubicados en la centro-derecha o la centro-izquierda… Paradójicamente una encuesta reciente evidenció que los colombianos, al menos por lo que respondieron los encuestados, se ubican más en la centro derecha que en el centro. Es más, las diferencias entre las posturas políticas e ideológica de unos y otros son demasiado sutiles, al menos al tenor de las respuestas a las preguntas de esa encuesta”.

Puntualizó que “… al final lo que termina siendo obvio es que en Colombia muchos candidatos, que provienen de partidos claramente establecidos, se lanzan por firmas y coaliciones creyendo que así se lavan de su origen partidista y pueden convencer al grueso de electorado. Un electorado que, más que estar ubicado política e ideológicamente en el centro-centro de la política (que le repito es un escenario difuso y, por lo tanto, amplio en el que todos creen caber o poder acomodarse, así sea a empujones), simplemente no cree en los partidos, no se siente identificado con ellos ni con aquellos que dicen que no tienen partido pero son respaldados por los mismos y sus coaliciones… Y, por último, también está el tema de la corrupción, ya que algunos creen que el centro es más transparente, por asimilarlo a lo independiente, a lo menos contaminado, frente a los escándalos de los años recientes que salpican por igual a la izquierda y la derecha… Sin embargo, los candidatos que pujan por el centro provienen de esas tendencias y la gente no es tan ingenua ni olvidadiza…  Eso es, en últimas, lo que está detrás de lo que ahora se llama ‘la pelea por el centro’, en donde pesa más la forma que el fondo”.

¿Entonces?

Visto todo lo anterior, la competencia sobre cuál de los varios aspirantes que quiere abanderar el “centro” es el que genera más credibilidad entre la opinión pública, termina siendo el gran reto en el próximo año y medio que falta para la primera vuelta. O menos tiempo aún si, como se prevé, en los comicios parlamentarios de marzo de 2022 se harán las consultas para escoger los candidatos presidenciales de las coaliciones.

Un tema clave aquí será la forma en que los aspirantes y sus partidos o movimientos vayan más allá del autoproclamando “centrismo” y las aterricen a criterios definidos y diferenciales sobre asuntos puntuales como qué hacer con el Eln y las disidencias de las Farc, cómo combatir la corrupción, la depuración de la inversión social, cómo hacer más pequeño el Congreso, qué postura se tiene sobre penalizar o no el aborto o el consumo de narcóticos… En fin, los temas que, a hoy, la ciudadanía no sabe cómo abordarán los aspirantes ya lanzados o los que están por postularse en el próximo año.

Y es que este último aspecto es otro que debe tenerse en cuenta a la hora de profundizar el debate sobre el centro-centro del espectro político de cara a las presidenciales de 2022: todavía faltan varios pesos pesados por lanzarse y mientras no lo hagan todo análisis al respecto termina siendo altamente especulativo y teórico.

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