Primeras señales de lo que será el gobierno de Petro

Colombia está en estado de “shock” con la elección de Gustavo Petro como presidente. A pesar de las evidencias de fraude electoral, ninguna autoridad nacional ha hecho nada para verificar si ese triunfo fue producto de una votación honesta, o fue un inmenso fraude realizado al interior de la Registraduría

La realidad es que el Presidente, el Fiscal, la Procuradora, el Consejo Nacional Electoral, los partidos políticos y los candidatos derrotados, no han interpuesto ninguna acción legal para esclarecer lo sucedido.

Todos cerraron los ojos ante la evidencia de muchas anomalías, igual a lo que pasó en las elecciones parlamentarias de marzo y también en la primera vuelta. Sin embargo, es evidente que los poderes del Estado se pusieron de acuerdo en que no pasó nada y sin excepción aceptaron el fraudulento resultado.

Hay en curso miles de demandas y acciones de tutela exigiendo un reconteo de los votos. Es fundamental que se aclare si votaron los muertos, y si los jurados electorales conformados por Fecode, el sindicato de maestros, votaron dos veces en cada una de esas elecciones, de lo cual hay pruebas contundentes. Además, hubo compra de votos, y en regiones de conflicto la población fue a obligada a votar por Petro, presionada por guerrilleros armados.

Al más puro estilo chavista, Petro se presenta como una mansa paloma antes de dar el zarpazo. Sus alfiles mandan mensajes de tranquilidad, afirmando que respetarán la Constitución, la democracia y las libertades legítimas.

Pero, en sentido contrario, las declaraciones de sus ministros son señales de alarma y de pánico económico. Los escogidos han demostrado en el pasado su total incompetencia en el manejo de lo que ahora se les ha confiado. Veamos algunas de esas declaraciones.

Estatización de la salud

La futura ministra de salud, Carolina Corcho, que es enemiga del sistema de salud privado, anuncia que las EPS privadas (Entidades Prestadoras de Salud), que atienden eficientemente a unos 50 millones de usuarios, serán liquidadas y reemplazadas por un sistema de salud estatal. Es irracional destruir el excelente sistema de salud colombiano, y lo que se conseguirá es que la gente se muera por falta de atención médica en la puerta de los hospitales.

Reforma Agraria expropiatoria

La futura ministra de Agricultura, Cecilia López, anuncia la imposición de la Reforma Agraria, llamada ahora Reforma Rural Integral, según lo establecido en el Acuerdo de La Habana. Según ella, el Estado no expropiará a nadie, pero aumentará considerablemente los impuestos de las tierras supuestamente improductivas, que para el socialismo son todas, de tal forma que los propietarios sean obligados a venderlas al Estado, que las comprará con bonos de deuda pública que no valen nada. Será un programa de expropiación masiva, sin decir que lo es, lo cual ha sido el mayor fracaso del socialismo donde quiera que se haya aplicado.

Hasta ahora, nadie dice una palabra sobre las tierras donde se cultiva la coca, que pasan de las 250.000 hectáreas, y que son el gran desastre de Colombia, por la violencia y la devastación ecológica que generan.

Fin de la exploración petrolera

Otro anuncio es el de la ministra de Medio Ambiente, Susana Muhamad, quien afirma que no se renovarán los contratos de exploración petrolera, de tal forma que la producción del crudo y del gas irá declinando lentamente, hasta llegar al desabastecimiento. Cuando eso suceda, que será muy pronto, el Gobierno le comprará a Venezuela los hidrocarburos que se necesiten.

Además, Petro viene anunciando desde hace años que acabará con la minería extractiva, como la del carbón, del níquel y del oro, que generan una gran riqueza para el País. Sólo funcionará la minería ilegal, que ya está en manos de los grupos subversivos.

Aumento de los impuestos

Tal vez el más asustador de los anuncios es el del ministro de Hacienda, José Antonio Ocampo, quien afirma que se necesita una reforma tributaria que le permita al Estado recaudar 50 billones de pesos anuales (12.000 millones de dólares) en nuevos impuestos, aunque ya hay quienes anuncian que en realidad van por 75 billones (20.000 millones de dólares). Eso es lo que necesitará el gobierno para financiar las reformas estructurales para que los pobres “vivan sabroso”.

Los impuestos confiscatorios producirán el derrumbe inmediato de la economía, la fuga de capitales nacionales, espantará la inversión extranjera y lanzará a Colombia en una hecatombe económica.

“Fast track” en el Congreso de la República

Finalmente, Roy Barrearas, el escogido para presidente del Congreso, quien es el ejemplo vivo de la corrupción política, anuncia la implementación de un nuevo “fast track”, o vía rápida, para aprobar en forma inmediata todas las reformas del nuevo gobierno. Así fue como se hizo con el Acuerdo de La Habana, a espaldas del País y en contra del resultado del Plebiscito. En palabras simples, eso es el anuncio de una dictadura, pues así se cambiará el actual orden constitucional por otro que aun desconocemos.

Estos hechos son suficientes para desatar el pánico, pues la aplicación de cada una de estas medidas equivale al desmantelamiento del sector productivo y empresarial del País, y convertirá a Colombia en un nuevo paraíso de la miseria.

Apoyo de los partidos políticos

Para completar este cuadro siniestro, es necesario recordar que casi todos los partidos políticos ya se unieron al nuevo gobierno y esperan recibir abundantes dosis de lo que en Colombia se llama “mermelada”. Es decir, las dádivas corruptas del poder, con las que se compran conciencias y partidos, de lo cual los políticos son ávidos e insaciables.

En realidad, quien no está asustado con el programa de gobierno, es que no está debidamente informado. Los anuncios son claros, la determinación de cumplirlos es radical y a partir del próximo 7 de agosto Colombia será una nación completamente diferente a la que hemos conocido, porque la cobardía, la traición y la corrupción de muchos líderes políticos nos condujo a este desastre.

La somnolencia y el embrutecimiento del País son de tal magnitud, que ante el anuncio de la catástrofe que el gobierno está por ejecutar, los incautos y los idiotas no creen que estamos ante un peligro devastador. Se dan palmaditas en la espalda para darse ánimo, diciéndose en voz baja que aquí no va a pasar nada, que todo seguirá igual, y que la arremetida marxista anunciada no representa ningún peligro para Colombia.

Habrá que esperar a que comience a funcionar la maquinaria de demolición que apenas se está instalando. Y cuando eso suceda, se sabrá entonces de qué fibras de valor y de patriotismo es que está construida Colombia. Petro fue elegido con 11 millones de votos dudosos, pero otros 10 millones votaron contra él, previendo el desastre que se avecina.

El Sagrado Corazón de Jesús salvará a Colombia

Colombia es una nación con profundas raíces religiosas, a pesar de que las autoridades eclesiásticas y la mayoría de los fieles católicos han claudicado en el deber de defender los valores cristianos. Pero en la hora suprema que se avecina, esas convicciones religiosas y morales saldrán a flote, de tal manera que el Sagrado Corazón de Jesús y la Virgen de Nuestra Señora de Chiquinquirá, iluminarán y le darán fuerzas a los que se opongan a que este país sea convertido en una nación marxista.

Confiamos en que gracias a esa protección sobrenatural, Colombia no va a sucumbir ante el toque de finados que ya se escucha en la distancia.

Por Eugenio Trujillo Villegas | 11-07-2022
Director Sociedad Colombiana Tradición y Acción | [email protected]

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