
Cómo no recordar, en este histórico momento que vivimos, la edificante historia bíblica de la Tierra prometida a la que fue conducido el pueblo israelita por Moisés, después de 40 años de vagar por el desierto en medio de toda clase de penalidades, rebeliones e incomprensiones.
Guardadas las debidas proporciones, durante varias décadas cayó nuestra amada Patria en un proceso de descomposición moral que nos condujo al ominoso régimen de extrema izquierda que, gracias a la Divina Providencia, llega hoy a su fin.
Fue sometida nuestra sociedad a toda clase de vejámenes en el período más oscuro de nuestra historia republicana. Hoy estamos a las puertas del promisorio futuro con el que siempre hemos soñado: Un país donde se respete el orden y la convivencia; donde la protección del sagrado derecho a la vida sea el primer deber del Estado; donde las relaciones entre los asociados y las de éstos con el Estado se rijan por los valores espirituales contenidos en la Palabra de Cristo y en los principios democráticos; donde la Justicia sea igual para todos y obre contundentemente y sin contemplaciones para castigar el delito y para garantizar la libertad de los inocentes; donde la educación, desde la familia y la escuela, esté orientada a la formación de buenos ciudadanos, competentes para desempeñarse con éxito en el mundo empresarial y laboral; donde los recursos del Estado sirvan para garantizar seguridad, justicia y bienestar a todos los gobernados y no para llenar las faltriqueras de los políticos de turno; donde se exploten adecuadamente los recursos naturales para brindar oportunidades de desarrollo a todas las regiones; donde la actividad económica cuente con la seguridad, la protección y la ayuda del Estado para generar oportunidades de empleo digno a la fuerza laboral; donde los servicios públicos, la salud, la seguridad social, la construcción de vivienda, el fomento de la cultura y del deporte llenen las aspiraciones de la población y no sean otros focos de corrupción, donde la población más vulnerable reciba la solidaridad del Estado para que goce de una vida acorde con su dignidad; donde el Estado sea más pequeño pero más eficiente, para que pueda construir las obras de infraestructura necesarias para el desarrollo económico, la transformación del campo, las vías fluviales o férreas, las carreteras, los puertos, los sistemas de riego, las generadoras de energía, etc.
Esa es la Patria Milagro que hoy nace ante nuestros ojos, después de haber llegado a la desesperanza y la incertidumbre.
Claro está que en esta nueva era, auspiciosa y promisoria, no solamente tendremos derechos sino también obligaciones.
No podemos permitir que los enemigos de la Patria, aquellos que se dedican a sabotear los designios de la Democracia, a incitar delictuosamente a la violencia y a intentar la reconquista del poder por medio de la combinación de todas las formas de lucha, socaven el propósito mayoritario de los colombianos de crear la Patria milagro.
No nos convirtamos en idiotas útiles de sus torvas intenciones cuando nos quieran utilizar como altavoces para reproducir sus mentirosas proclamas y discursos de odio. Apliquemos a ellos la campana del silencio y sigamos adelante con nuestra noble causa.
Respaldemos en todo momento y lugar, desde el rol que desempeñemos como padres, empresarios, estudiantes, empleados, amas de casa, profesionales, etc., las propuestas de los Defensores de la Patria. No podemos permitir —como ha pasado en Brasil y en otros países— el retorno del régimen comunista, mentiroso y violento, al poder.
Por el contrario, comuniquemos con datos en la mano todo el desastre que se está encontrando en el empalme con el régimen que agoniza. Difundamos sin vergüenza y sin pausa los logros que empieza ya a mostrar el programa de la Patria Milagro. Podemos documentarnos diariamente en nuestro portal www.alianzareconstruccioncolombia.org, el cual puedes guardar para mayor facilidad como favorito en tu ventana de “marcadores”.
Conquistemos con buenas razones y comprensión a los que equivocadamente votaron contra el candidato Abelardo de la Espriella. Según sus propias palabras, gobernará para todos, sin ninguna consideración política o de otro orden.
Hoy es un gran día para celebrar. Colombia se salvó del comunismo. La Patria está en las mejores manos. Las propuestas de gobierno están enderezadas al Bien Común. Los pasos iniciales nos demuestran a las claras hacia dónde va el país en la “era del tigre”. ¡Estamos firmes por la Patria!
Luis Alfonso García Carmona: Abogado. Escritor. Fundador de Alianza Reconstrucción Colombia.
7/08/2026 | Por: Luis Alfonso García Carmona