En las grandes crisis, como la desatada por el alcalde Quintero, al desconocer las normas elementales del gobierno corporativo y volver trizas la autonomía de EPM para gestionarse con independencia de la politiquería, surgen patrióticas y bien intencionadas propuestas, como la que nos envía el ciudadano Gilberto González, cuyas conclusiones son las siguientes:

«El alcalde del momento, cuya arrogancia y autoritarismo tienen asombrados aun a quienes le ayudaron a financiar su campaña y lo acompañaron en esta, quiere ahora reclamarles a diseñadores, Interventores, constructores y aseguradores del Proyecto Hidroituango, el valor de los sobrecostos generados por el desastre ocurrido hace dos años, y argumenta pare ello que es su deber y el del gerente de Empresas Públicas de Medellín, recobrar unos dineros que se perdieron, según él, por la actuación u omisión de aquellos, pero es de temer que esa pretensión del señor alcalde y del gerente no pasen de ser más que un desastroso saludo a la bandera, de impredecibles consecuencias, pues en los errores o imprudencias, si los hubo, no podían estar ausentes la participación, el conocimiento y aun el consentimiento de los dueños del proyecto, el departamento de Antioquia y Empresas Públicas de Medellín. Nadie podrá creer que la clausura precipitada de un túnel, el no revestimiento de otro o las que hubieren sido las causas eficientes del desastre, hayan obedecido al mero capricho de diseñadores, interventores o constructores, y que a los dueño del Proyecto no se le haya consultado tamaña decisión. Y si estas aspiraciones de alcalde y gerente llegaren a ser no más que “alegrías de caballo capón”, habrá que tenerse finos, porque su impacto negativo en otros tópicos del Proyecto puede ser funesto, mucho más que los beneficios obtenidos con la pretensión indemnizatoria, si es que alguno se obtiene.

Frente a toda esta realidad tan angustiante ¿qué hacer?

El reto es enorme, pero vale la pena intentarlo. Consiste en rescatar para la entidad su perdida autonomía, para bien del pueblo antioqueño y de Colombia entera, porque no se puede perder de vista –y esto es bueno que lo sepan también todos los colombianos– que los beneficios que irradia Empresas Públicas de Medellín son de un alcance nacional, y que las consecuencias de un desastre en su interior podrían producir un efecto dominó de  incalculables pérdidas, no solo económicas sino de todo orden.

¿Cómo lograrlo?

Todos los antioqueños, por nacimiento o por adopción, debemos unirnos en una gran Cruzada, organizarnos y lograr que distintos estamentos de la ciudad y el departamento nombren sus representantes a una junta que defina los caminos a seguir, siempre dentro de la legalidad, pero validos de todos los recursos posibles, tales como campañas, acciones judiciales, encuestas, consultas populares, marchas, revocatorias de mandato, etcétera, todo ello hasta lograr que el H. Concejo Municipal de la ciudad se vea obligado a restablecer esa autonomía que su equivalente de entonces, autorizado por el gobierno nacional, le confirió en 1955, y que después le suprimió, desconociendo las directrices que le había impartido el acto creador.

La lucha es difícil pero hay que darla, antes de que las Empresas Públicas de Medellín lleguen a un punto de no retorno. «

La Redacción, 15/08/2020

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