Narcomunistas armados, su brazo legal, sus cómplices y sus idiotas útiles

Hace un par de días tuve una discusión con un académico, profesor universitario y experto en crimen organizado transnacional. El tema de la discusión versaba sobre quien era un guerrillero, y por el ende el Enemigo, y quien no. La posición de este personaje, blandita e institucionalista (según él), es que todo aquel que ilegalmente empuña un arma contra el Estado y la sociedad civil es un guerrillero, y por ende un militante de un partido político legal que trabaja para y recibe financiamiento de las guerrillas no lo es. Mi posición es la que explicaré a continuación.
El Enemigo son todas las organizaciones narcomunistas armadas ilegales, sus miembros y colaboradores. Esto incluye a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejercito del Pueblo (y sus múltiples frentes con distinta razón social), el Ejército de Liberación Nacional, las Autodefensas Gaitanistas de Colombia, las Autodefensas Campesinas de la Sierra Nevada, y los demás grupos y siglas que viven del narcotráfico, intentan subvertir el Estado y atacan la sociedad civil mediante el uso de las armas. También incluye a sus colaboradores que, sin ser miembros plenos de la organización, les prestan sus servicios materiales o intelectuales. Esto es quienes les proporcionan apoyo logístico (transporte, uniformes, comida, medicamentos, armas, municiones, etc.), como también a los que trabajan intelectualmente para ellos (como sus abogados).
El enemigo son todas las organizaciones legales que actúan para y dan legitimidad a las organizaciones narcomunistas armadas ilegales, sus miembros y colaboradores. Este es, básicamente, su brazo legal. Comprende a los miembros y partidos políticos que desde la legalidad son financiados y sirven a los intereses de las organizaciones narcomunistas armadas ilegales (no voy a mencionar nombres, pero todos sabemos a quienes me refiero), organizaciones sociales [sic], sindicatos, colectivos de abogados que hacen lawfare, colectivos culturales [sic], ONG’s, etc. No existe ninguna diferencia real entre un narcomunista armado en las montañas de Colombia y un militante de algún partido/organización/colectivo legal haciendo reclutamiento y trabajo de masas en Chapinero (Bogotá).
Los cómplices del Enemigo son aquellos que desde la legalidad actúan para y dan legitimidad a las organizaciones narcomunistas armadas ilegales, pero no participan activamente del brazo armado o legal. En este grupo podemos incluir algunos periodistas (como aquel que tiene nombre militar), muchísimos académicos de universidades públicas y privadas, muchísimos opinadores profesionales (que no participan activamente del brazo legal), intelectuales de izquierda [sic], etc.
Los idiotas útiles son aquellos que desde la legalidad actúan para y dan legitimidad a las organizaciones narcomunistas armadas ilegales, a su brazo legal y sus cómplices, pero no militan activamente en alguna de ellas. Esta categoría es la mas amplia, e incluye básicamente a todos aquellos que votan por lo proyectos políticos de las organizaciones narcomunistas armadas, que defienden sus causas, que apoyan colectivos culturales, etc.
Esta categorización es una simplificación, con el objetivo de entender mejor el panorama y actuar acorde, pero también existen zonas grises altamente problemáticas. Por ejemplo, muchísimos académicos actúan y dan legitimidad a las organizaciones narcomunistas armadas ilegales, no militan formalmente en alguna organización del brazo legal, pero colaboran ocasionalmente con ellas, o les dan apoyo logístico, entonces… ¿son enemigos o cómplices? Un votante de alguno de los tantos partidos políticos del brazo legal, que vive en una zona bajo control territorial de las organizaciones narcomunistas armadas, y le ayuda logísticamente a dichas organizaciones, pero no milita en una organización del brazo legal… ¿es un enemigo, un cómplice o un idiota útil?
En estos casos, personalmente, sugiero aplicar un refrán que decía mi abuela: es mejor pecar por exceso que por falta. O como dice un escolio de Nicolas Gómez Dávila: “las concesiones son los peldaños del patíbulo”[i]. Si consideramos a un enemigo como un cómplice o un idiota útil puede literalmente costarnos la vida, o suponer la vida a alguien más. Ellos no nos harían concesiones, así que nosotros no tenemos porque hacerlas.
En conclusión, es necesario saber quién es el Enemigo, quien su cómplice y quien su idiota útil. Al conocer la diferencia es posible actuar acorde. En caso de zona gris, hay que ser implacable y no dar concesiones. Nuestro futuro y el futuro de nuestro país depende de ello.
[i] Gómez Dávila, Nicolas, Escolios a un Texto Implícito II, Instituto Colombiano de Cultura, Bogotá, 1977, p. 145