En una sociedad tan proclive a la murmuración, conviene aclarar que no nos anima un deseo distinto al de contribuir con nuestra opinión a encontrar la mejor salida a este oscuro callejón al que nos condujo la peste exportada por la China comunista.

No nos encontramos —vale la pena aclarar— en situación tan difícil como la de otros países, a pesar de nuestros limitados recursos, gracias a la diligente gestión del Presidente Duque y de su aplicado equipo de colaboradores. Han actuado con celeridad para contener el contagio, preparar la infraestructura sanitaria, disciplinar a la población, refinanciar las empresas a través de la banca, diseminar ayudas en dinero y en especie entre la población más vulnerable y mantener un constante flujo de información con la comunidad.

No obstante, la prolongación de la cuarentena comienza a señalar profundas grietas que amenazan con desmoronar profundamente nuestro sistema económico, lo que nos conduciría a una tragedia de incalculables proporciones.

Desde el comienzo de la cuarentena se detectó la pérdida de 1.6 millones de puestos de trabajo, cifra espeluznante que, por sí sola, debe encender todas las alarmas. Desde el mes de marzo, según investigación de un grupo de universidades, el 71% de las pequeñas y medianas empresas habían comenzado a despedir trabajadores. Más deplorable, si se quiere, es la situación de los trabajadores informales e independientes, cuyo ingreso sólo depende de ellos mismos, condenados por el confinamiento forzoso a la absoluta pobreza.

Labores como las manufactureras o las de construcción, así como el famoso “rebusque” del cual viven millones de colombianos no son compatibles con el cacareado tele-trabajo.

Tampoco puede el Estado por tiempo indefinido seguir soportando la carga de repartir subsidios para la manutención de millones de colombianos.

La refinanciación de la nómina no es suficiente, pues no llega a todas las empresas, sólo cubre un 40% el salario mínimo y tampoco podrá ser sustentada en forma prolongada por el fisco.

Economistas y expertos se han inclinado por recomendar un mayor endeudamiento del Estado, para profundizar el monumental que heredamos de la funesta administración santista: otros optan por una nueva reforma tributaria o el aumento del IVA, lo que daría al traste con nuestro aparato empresarial; hasta se ha propuesto una flexibilización temporal de las normas laborales para facilitar la reactivación de las empresas, medida explosiva que nos conduciría a una instabilidad aún mayor.

No es mi costumbre detenerme en el diagnóstico sin aventurar opciones y aquí traigo algunas:

1.- Restablecer la apertura de la actividad económica, con algunas excepciones:

     a) Espectáculos masivos, tales como conciertos, eventos deportivos;

     b) reuniones en recintos cerrados como discotecas, gimnasios, templos, etc.;

     c) Clases presenciales en universidades y colegios;

2.- Mantener estrictas medidas disciplinarias de carácter sanitario, como el uso de tapa-bocas en espacios públicos y recintos cerrados; instalación de sistemas de desinfección de manos en sitios de afluencia de público, protocolos para la apertura de cada establecimiento de atención al público

3.- Evitar congestión del transporte urbano mediante la implantación de 10 horarios diferentes que empiezan a las 7:00 a.m. cada media hora, hasta las 11:30 a.m. La salida empieza a las 15:00 horas y sigue cada media hora hasta las 19:30 horas. A cada empresa le corresponderá el horario según el “pico y Rut”, que le corresponda según la última cifra del Rut, o sea, si es el 1 le corresponderá el primer horario y si es el 0 le tocará el 10º., que comienza a las 11:30.

4.- Concentrar la ayuda del Estado en los dos primeros meses, para aliviar la situación financiera de empresas pequeñas y medianas, con un subsidio del 50% del salario mínimo.

5.- Adicionar los auxilios a la población vulnerable, con un subsidio a todo el que no reciba ingresos por ningún otro canal, equivalente al 50% del salario mínimo.

6.- Refinanciar al Estado para atender a la reactivación económica, a la ayuda solidaria con los más pobres, y a la actualización de la infraestructura de salud, mediante las siguientes medidas:

     a) Venta de inversiones y activos no necesarios para el funcionamiento del Estado, incluido un 40% de las acciones en Ecopetrol;

     b) Establecimiento de un equipo élite de abogados para recuperar los dineros defraudados a la Nación con la corrupción en los últimos años,

     c) Reducción drástica de los gastos de funcionamiento del Estado y eliminación o fusión de múltiples asesorías, consejerías, institutos, comisiones y fondos de toda laya, que lo han convertido en un Leviatán de ciclópeas proporciones; llevar esta tarea de austeridad a municipios y departamentos, como condición para recibir sumas provenientes del fisco nacional a cualquier título.

Por Luis Alfonso García Carmona – Director ARCO – La linterna azul – 11/05/2020
[email protected]

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