SE HUNDE EL BARCO

Cuando sucumbe la Justicia desaparece el Estado de Derecho. Las reglas son quebrantadas; no hay valores, ni principios, ni ética. La sociedad queda desconcertada e impotente.
La crisis institucional y el irrespeto al Derecho no son de estos días . Vienen de tiempo atrás. No es sino recordar el desconocimiento oficial de los resultados del Plebiscito y las múltiples violaciones de la Carta Magna y el Fast Track. Así que las más recientes decisiones y denuncias que por corrupción se han formulado públicamente contra magistrados y exmagistrados de la Corte Suprema de Justicia no hacen sino confirmar que la crisis institucional -y en particular la de la justicia- es todavía más profunda de lo que pensábamos, y que Colombia ha entrado en una etapa de oscuridad institucional de la cual va a ser muy difícil salir.
La crisis tocó fondo. Lo que está pasando es muy grave, y de la crisis institucional no nos hemos levantado. Por el contrario, ella se ahonda, con gran peligro para las nuevas generaciones.
Las instituciones no están operando. Los órganos colombianos competentes “descubren” lo que pasa, no por su propia actividad sino por las investigaciones de organismos norteamericanos, como ocurrió en los casos del Fiscal “anticorrupción” y de los ex magistrados.
Hace tres años y medio estalló el escándalo relacionado con la posible conducta delictiva de un integrante de la Corte Constitucional, y no hay fallo. De modo que, en todos estos procesos -en especial cuando hay fuero- la administración de justicia es paquidérmica e ineficaz. La sociedad se queda sin información porque las noticias pasan, y se perpetúa la impunidad.
Si bien no cabe generalizar, pues quedan todavía funcionarios honestos y capaces, es inobjetable que la corrupción y la politiquería se han extendido de manera alarmante en el interior del aparato de justicia y en los órganos de control.
Que magistrados declaren ante sus colegas que las decisiones en materia penal se deben adoptar con criterio político y no jurídico, resultaría inconcebible si no existieran grabaciones y testimonios conocidos públicamente. Pero se trata de propuestas reales, prevaricadoras, impropias e indignas de un juez, con mayor razón si es magistrado de una alta corporación. Y lo que no sabemos es si esto se ha investigado.
Es deplorable que ya no sea la excelencia -hoja de vida limpia, formación jurídica, experiencia, mérito- el criterio de selección de los magistrados, sino que todo dependa de la conveniencia, el compromiso con causas predeterminadas, al apoyo político y el poder de manipulación sobre quienes votan para postular o elegir. Allí reside sin duda una causa del cáncer que ya hizo metástasis.
Aterrador y deplorarable todo esto …

José Gregorio Hernández G., recibido por whatssapp, 11/10/2021

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