¿Se revienta la democracia colombiana?

Las democracias del mundo son los sistemas más sostenibles para gobernar los países, comoquiera que “democracia” quiere decir “la voz, el mandato, la soberanía del pueblo”.

Esas democracias, para evitar la perversa concentración de poderes que tienen las dictaduras, se soportan en la división de poderes públicos.

El ejecutivo, donde se gerencia y se ejecuta el presupuesto, el legislativo, donde se hacen leyes y normas, y el judicial, que vigila el cumplimiento de esas leyes y castiga a quienes las violan.

Después de la dictadura de Rojas Pinilla, de la violencia liberal-conservadora y del Frente Nacional, Colombia adoptó una democracia más segura, más fuerte y más estable.

Y después de la Constitución del 91, tenemos una democracia más participativa, y una división de poderes más fuerte.

Desde el gobierno Santos, la mano perversa del Ejecutivo bajo su mando, no solo compró periodistas y medios de comunicación, sino Congresistas y Magistrados de las Cortes, pasando por un Fiscal mercenario, generando no sólo la más brutal feria de derroche sino la más vergonzosa violación a la división de los poderes públicos.

Santos prostituyó la base de una democracia, y compró conciencias, fallos y leyes con el desbocado derroche del dinero público.

Haberse “robado” el plebiscito de octubre 2 del 2016 fue una de las más atroces aberraciones, acolitadas por un Congreso enmermelado hasta el cogote.

Bustos, Malo, Tarquino, Ricaurte y Pretelt, hoy procesados, prófugos y en la cárcel, fueron los Magistrados que, en coro con el Fiscal Montealegre, mandaron a la cárcel a Uribito, a Velázquez, Moreno, Palacios y Pretelt, personas de la más alta condición profesional y humana, con el testimonio comprado de una delincuente como Yidis Medina, a quien le suspendieron una condena por secuestró de 34 años a cambio de ese falso testimonio. Todo un vulgar y perverso entramado.

Uribe entró en conflicto con la Corte Suprema de Justicia siendo Presidente, al hacer pública la protesta, porque todos los Magistrados de esa Corte se fueron al Huila a la fiesta de un muy controvertido personaje de apellido Ascensio, en su avión privado. Y salieron todos estrenando Rolex según la prensa.

A partir de ese evento que Uribe denunció, la Corte Suprema de Justicia se convirtió en su peor enemigo.

Esa Corte que obligó al Juez a liberar a Santrich, para facilitar su fuga a Venezuela y evadir la extradición hacia los Estados Unidos. ¿Una Corte cómplice de un narcotraficante?

Después, Santos le regalo a las FARC la JEP, integrada por militantes y adeptos a las mismas FARC.

Esa la razón para que dos años y medio después de creada, con 850 funcionarios en su nómina y un presupuesto de $ 270 mil millones, no haya habido aún una sola condena. Una vergüenza. La JEP, se brinca el reclutamiento de menores, el abuso sexual de los mismos, que son delitos que a la luz de la ley Penal internacional, no pueden ser indultables.

Márquéz y Santrich, libres y delinquiendo contra Colombia desde Venezuela. Sandino, Alape, Catatumbo, Losada y todos esos asesinos y violadores de menores están de Congresistas. Esas FARC, que ocupan 10 curules en el Congreso, ni entregaron las verdaderas armas, ni los dineros de su criminal actividad, ni las rutas ni menos los secuestrados. Y siguen delinquiendo y narcotraficando como “disidencias de las FARC,” que son los mismos.

Cepeda, denunciado por Uribe, por el Tuso Sierra, y varios reclusos, por visitarlos a ofrecerles prebendas y beneficios a cambio de un testimonio contra el mismo Uribe, anda libre. ¡Y Uribe, que denuncio a Cepeda hoy con un auto de detención de esa Corte!

Tantas y tan vulgares aberraciones solo me dicen que después de Santos, se reventó el sistema democrático en Colombia. Y se prostituyo la división de los poderes públicos.

“¡Cuando la justicia se politiza, la política se judicializa!”

¡Aberrante!

Álvaro Ramírez González, Periódico Debate, 06/08/2020

[email protected]

Compartir:

WhatsApp
Facebook
Twitter
Telegram
Email

Descarga aquí los artes para impresión de pendones