

31/07/2026 | Por Sergio Esteban Vélez | Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, 2010

En estos días, en los cuales se organiza la instalación, en Colombia, de un nuevo gobierno de esperanza, encabezado por el presidente Abelardo de la Espriella, debemos detenernos a examinar las promesas y los abismos de la cultura, como una paradoja lacerante que demanda atención urgente y lúcida.
Imaginemos por un instante una caja fuerte que custodia una fortuna superior a todo el oro y el petróleo de la nación, pero cuya llave se extravió en el laberinto de la desidia estatal. Esa es, con rigurosa exactitud, la condición de la cultura en Colombia.
¿De qué sirve detentar la condición de ser el país más biodiverso del mundo, acumular un patrimonio tangible e inmaterial que asombra a la UNESCO, albergar pueblos emblemáticos, carnavales deslumbrantes, milenarias hectáreas de parques arqueológicos y ser crisol fecundo de tres razas y tres continentes, si las rutas hacia nuestros santuarios patrimoniales son una ruleta rusa? ¿Cómo celebrar nuestra riqueza cuando los sitios arqueológicos permanecen a merced de los grupos criminales y los artistas y guardianes de la tradición transitan bajo la sombra ominosa de la extorsión?
Hoy, la cultura colombiana es una joya exhibida en una vitrina blindada por el miedo. A falta de la llave de la seguridad, el país sigue siendo un gigante aletargado, observado desde lejos por un mundo que, desde las cancillerías extranjeras, nos sigue catalogando como un riesgo para los viajeros.
Nunca seremos potencia cultural sin seguridad. La seguridad es el escudo que permite que un festival respire, que un académico investigue y que un joven cambie un fusil por un instrumento musical.
Los ideólogos de la retórica estatista suelen contraponer la seguridad a la creación espiritual, como si se tratara de fuerzas antagónicas. Esto es un error grave. La seguridad no es la negación de la libertad; sino, por el contrario, su condición de posibilidad. Es el escudo que garantiza que el turismo internacional derrame sus divisas en nuestras veredas, que la economía creativa florezca y que el patrimonio deje de estar huérfano y abandonado al vandalismo para convertirse en riqueza real y digna para las comunidades.
El desafío que ahora enfrentan el presidente electo, Abelardo de la Espriella, y la ministra de Cultura designada, Paola Holguín, no es menor. Consiste en enterrar para siempre el estigma del conflicto mediante el aseguramiento implacable de los territorios, transformando a Colombia en una verdadera reserva mundial de identidad y un destino de inversión cultural de alto nivel.
Es hora de reclamar lo que legítimamente nos pertenece. Si el nuevo gobierno avanza con firmeza por la senda de la seguridad para la cultura, el país no solo conjurará sus fantasmas, sino que alcanzará la prosperidad y el bienestar que reclama su historia. Liberar nuestra cultura es, en definitiva, devolverle el porvenir a la nación.
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Seguridad y cultura en el nuevo amanecer de Colombia | Sergio Esteban Vélez. .