Siempre, para Presidentes de la República, Gobernadores y Alcaldes, la composición del gabinete de colaboradores denominados Ministros o Secretarios, en principio, es una tarea delicada y difícil, a veces problemática no solamente por las dudas internas del mandatario sino igualmente por las presiones políticas externas, el recibo político que se elabora por el pago de favores en las campañas y proselitismos, las influencias de allegados, aliados, amigos, colegas y hasta familiares. Es un proceso complicado porque hay mucho por agradecer y bastante más por la necesidad que tiene el elegido para escoger los mejores candidatos. A veces son mucho más los candidatos que las posiciones por ofrecer. Nosotros podemos atestiguar este asunto.

El Presidente electo ya ha designado a sus colaboradores inmediatos, Ministros y altos Gerentes. Verdaderamente, sorprendentemente, elocuentemente magnífico y brillante equipo humano. Todos los designados de ambos sexos son inmejorables en su personalidad, con estupenda trayectoria pública y privada y sobre todo, con especial énfasis, personalidades que encajan en lo que debe ser exactamente, es decir, brillantes en su vida en lo que les tocará atender. Y además son espejo público en sus personalidades de sus vidas internas, actos privados y públicos conocidos, en la rectitud de sus procederes y muchísimo en los temas y las materias que van a manejar. Y algo sobre todo superior a cualquier descripción: llenos de carácter, firmeza y vida con trayectoria limpia.

Nos gustaría mencionar nombres pero podemos caer en el error de la equivocación, el olvido de detalles o la injusticia de un reconocimiento. Pero en resumen es un gabinete excelente, de lujo, un grupo de profesionales que se ha destacado en su vida por la rectitud, su personalidad polifacética especializada y por algo hoy no muy común: su honorabilidad. Esta última cualidad humana es la terrible mancha del gobierno que termina, con muy pocas excepciones.

La escogencia de este gabinete es una prueba más del sello que el Presidente Abelardo quiere imprimirle a su gobierno. Escogió lo mejor y lo más selecto, lo adecuado en la impronta de la experiencia respaldada con lujo en sus hojas de vida. Esta decisión del Doctor Abelardo nos ha recordado un comentario del Presidente de entonces Virgilio Barco, apuntado por mí en libreta especial, en su despacho y con otros Alcaldes del país: “Una personalidad solitaria con todos sus méritos siembra un camino de esperanzas pero si está unida en la composición de un equipo colectivamente igual no tendrá una puerta abierta sino miles de ellas hacia destinos esperando servicio y cumplimiento de promesas electorales”.