Una tiránica ideología

Hemos olvidado la máxima agustiniana: ‘Ama al pecador, pero odia el pecado’.

 

Han aceptado el pecado, negándole con ello al pecador, la compasión y la caridad cristiana.

Han aceptado el pecado, negándole con ello al pecador, la compasión y la caridad cristiana.Pierre Bamin / Unsplash

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Junio, mes del Sagrado Corazón de Jesús, ha sido secuestrado por una perversa ideología cuyo símbolo —la bandera del arcoíris de seis colores—se encuentra por doquier. Pues dicho movimiento, cuyo dominio no se limita a este mes, se ha ido imponiendo con el ingente apoyo de: los principales organismos públicos, las grandes corporaciones, innumerables celebridades y varios líderes de opinión. A esto se suma, tanto el adoctrinamiento promovido por la mayoría de las instituciones educativas, como la manipulación emocional, orquestada por los grandes medios de comunicación. Estos últimos, a través de simpáticos y atractivos personajes homosexuales contribuyeron, de manera sumamente importante, a normalizar una conducta que, por ser contraria a la ley natural, había sido, por siglos, —y hasta hace algunas décadas—ampliamente rechazada por la sociedad.

De esta manera, dicha ideología ha pasado: del disimulo, a la apertura; de la tolerancia, a la igualdad («matrimonio igualitario»); de la coexistencia, a la aprobación y, del dejar hacer (laissez faire) a imponer su ideología. Hasta tal punto que, ha logrado transformar radicalmente la sociedad occidental, en la cual —de acuerdo con las últimas encuestas—el «matrimonio» entre personas del mismo sexo es ampliamente aceptado: Suecia (92%), España (87%), Francia (82%), Alemania (80%), Canada (79%), Reino Unido (74%), Italia (73%), Estados Unidos y México (63%). (1)

Por tanto, no es casualidad que, aun la mayoría de los partidos de derecha —que dicen defender los principios cristianos de nuestra civilización—hayan otorgado su abierto apoyo al estilo de vida homosexual. Si bien, promueven a los homosexuales de derecha. Esos que visten trajes a la medida y, tienen gusto, educación y cultura. Mismos que, debido a su carisma e influencia, han logrado que, entre los conservadores se acepte como bueno y deseable el que dos hombres o dos mujeres formen una «familia». Aun cuando ésta, se «ordene a la carta» y se adquiera a través de métodos artificiales e inhumanos vientres de alquiler, socavando con ello, el pilar más importante de la sociedad.

Desafortunadamente, esta tendencia también ha penetrado las mismas filas del cristianismo. Ya que, debido al abierto apoyo de unos, a la ambigüedad de otros y, a la tibieza (disfrazada de prudencia) de algunos más, varios suponen —aun cuando es imposible— que las enseñanzas de la iglesia sobre la sexualidad han cambiado. Esto, aunado a la presión social, ha contribuido enormemente a que dicha conducta gane cada vez mayor aprobación entre los católicos. Pues varios, por ignorancia o falsa compasión, han aceptado el pecado, negándole con ello al pecador, la compasión y la caridad cristiana que tanto necesita. Pues, de acuerdo con una encuesta, realizada en 2019, la mayoría de los católicos en occidente están a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo: Países Bajos (92%), Argentina (80%), Reino Unido (78%), Suiza y Estados Unidos (76%), España (75%), Francia (74%), México (72%), Brasil (71%), Alemania (70%) e Italia 57%. (2)

Como vemos, los católicos hemos claudicado ante el mundo y sus mentiras y, en lugar de transformar al mundo nos hemos dejado transformar por él. Con ello, hemos olvidado la máxima agustiniana: Ama al pecador, pero odia el pecado. Así, en nombre de la compasión y la comprensión hemos confundido el amor —que es desear el bien objetivo de la persona a la que se ama— con un sentimentalismo barato, con un conjunto de emociones que, más temprano que tarde acaban lastimando a la persona a quien se dice amar. Ya que, toda conducta contraria a la ley de Dios causa heridas que se van profundizando a medida que nos vamos hundiendo en el pecado.

De ahí que, urja recordar la enseñanza perenne de la iglesia: los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados, pues son contrarios a la ley divina y natural. Dichos actos, por su naturaleza, están cerrados al don de la vida y, no proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. Por ello, no pueden recibir aprobación en ningún caso. San Pablo nos advierte: «Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos. No os dejéis llevar de acá para allá por doctrinas abigarradas y extrañas; mejor es corroborar el corazón con gracia y no con manjares, los cuales nunca aprovecharon a los que fueron tras ellos» (Heb13,8-9). Por esta razón, las personas con inclinación por las personas del mismo sexo estén llamadas a vivir en castidad. Y, es, precisamente, en ese camino difícil en el que requieren ser acompañados, confortados y alentados.

El amor de Cristo por nosotros es tan grande que, nos redimió de nuestros muchos pecados, mediante su muerte —y muerte de cruz— abriéndonos así el camino de la salvación. Mas, precisamente porque nos ama y porque es misericordioso nos ordena con autoridad: Ve y no peques más… De ahí que, debamos proclamar con gran caridad, pero también con toda claridad, la verdad. Pues las «mentiras piadosas» o medias verdades sobre la homosexualidad, perjudican fuertemente a las personas que sufren dichas tendencias. A quienes se esfuerzan por vivir en castidad los desalienta, tienta y escandaliza y, a quienes viven en pecado los hunde aún más en éste. Además, «así como el orden de la recta razón procede del hombre, así el orden natural procede de Dios. Por eso en los pecados contra la naturaleza, en los que se viola el orden natural, se comete una injuria contra Dios, ordenador de la naturaleza.» (3)

En cambio, los mandamientos y enseñanzas perennes de la iglesia nos perfeccionan y encaminan hacia la plenitud en esta vida, pero, sobre todo, hacia la felicidad eterna. Por esta razón, dichas personas necesitan saber que, la gracia de Cristo es capaz de transformar al más grande pecador. De hecho, hay varios testimonios de personas con tendencias homosexuales quienes, después de haberse entregado a placeres pecaminosos, decidieron abandonar su vida de pecado y, a pesar de lo difícil (y no pocas veces solitario) de su sendero, han encontrado en la vida de gracia, la verdadera libertad. (4)

El testimonio de estas personas nos recuerda que, —aun después de haber estado en la más profunda oscuridad— con la gracia de Dios es posible encontrar la luz y vivir una vida plena en castidad y en amistad con Dios.

(1) https://www.pewresearch.org/short-reads/2023/11/27/how-people- around-the-world-view-same-sex-marriage/

(2) https://www.pewresearch.org/short-reads/2020/11/02/how-catholics- around-the-world-see-same-sex-marriage-homosexuality/

(3) Santo Tomás de Aquino Suma Teológica, Parte II-IIae – Cuestión 154 https://hjg.com.ar/sumat/c/c154.html

(4) https://couragerc.org/resources/#testimonies

 

 

 

https://www.religionenlibertad.com/opinion/260623/tiranica-ideologia_118665.html

 

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