El pasado 6 de febrero murió el científico chino Wenliang, contagiado por el virus del cual el aparato estatal del régimen comunista le había prohibido hablar.

Xu Zhangram, académico que se atrevió a criticar “el núcleo podrido del gobierno chino” por su pésimo manejo de la pandemia, fue borrado del mapa y hasta su perfil desapareció de las redes sociales y del WhatsApp. En su lugar, la diplomacia china nos vendió el “cuento chino” de una descomunal eficiencia, con unas cifras de las cuales desconfía la comunidad internacional.

Ya en tiempos del ocultamiento soviético al desastre de Chernóbil, Valery Legasov, quien lo denunció, pronunció el lapidario interrogante: ¿Cuál es el costo de la mentira?

Otro régimen socialista, el español de Sánchez e Iglesias, se esfuerza en ocultar el pavoroso crimen de lesa humanidad cometido al promover una serie de concentraciones populares el 8 de marzo, a pesar de que conocía con anterioridad que la pandemia había llegado a España. Pero antepuso sus intereses politiqueros a la conservación de la salud de sus gobernados.

De allí en adelante, una sucesión de improvisaciones, compras de elementos no muy claras, negligencia en la adopción oportuna de medidas y aprovechamiento de la crisis para la implantación de medidas totalitarias, se ha pretendido disfrazar con la manipulación de las estadísticas y la verborrea presidencial con desmedro del bien inapreciable de la Verdad.

Para enfrentar sin temores la tragedia que nos agobia necesitamos, además de conocer la Verdad, estar armados del indestructible escudo de la Fe. Cuando el mal que nos amenaza es de tales proporciones, nuestra defensa debe superarlo con creces. Y no hay mejor defensa que la Fe en Dios, el que todo lo puede. Porque Cristo se encarnó “para aniquilar mediante la muerte al señor de la muerte, es decir, al diablo, y librar a cuantos, por medio de la muerte, pasaban la vida entera como esclavos” (Carta de los Hebreos, 2, 14-15).

El confinamiento de la población decretado en casi todos los países del orbe, obligó a los católicos a seguir desde sus hogares, por los canales televisivos, las ceremonias de la Semana Santa, en una conmovedora demostración de Fe nunca antes presenciada. La calamidad logró despertar hasta en los más incrédulos la esperanza de que con el regreso a la Fe, encontraremos la salida de esta mortal amenaza para la Humanidad.

Ha sido también la oportunidad de acudir a constructivas y edificantes lecturas que nos llenan de paz espiritual y de valor para superar esta enorme dificultad. No dudo en recomendar la lectura de un libro misterioso y apasionante: “Visiones completas de Ana Catalina Emmerick “. Les prometo que no tiene desperdicio. Pueden encontrarlo en: http://anacatalinaemmerick.com/

Por Luis Alfonso García Carmona – Director ARCO – 13/04/2020
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