Y, ¿dónde quedó nuestra civilización?

Nos hemos preciado de pertenecer a la órbita de la “civilización occidental”, gracias al honroso legado hispánico que modeló nuestra nacionalidad, complementado con el aporte de próceres, pensadores, literatos, científicos , educadores y emprendedores que nos sumergieron en las corrientes de vanguardia de allende nuestras fronteras.

Esa marea de principios, valores, normas de coexistencia, así como nos llegó, se ha ido retirando, tal como en la playa lo repiten las olas incesantemente.

De las esferas públicas, despachos, escuelas, se ha expulsado el Cristianismo para entronizar el culto por el materialismo, el hedonismo y la búsqueda de lo que llaman “el éxito”,  a cualquier precio.

Está mal vista la concepción de la familia tradicional, la feminidad, la caballerosidad, la enseñanza a los hijos del respeto a los padres y de la disciplina como camino para cumplir sus aspiraciones.

Olvidamos de dónde venimos y, por supuesto, tampoco sabemos hacia dónde nos dirigimos. Se abandonó el culto a los valores e insignias patrias y a la historia de las gestas que nos convirtieron en un país libre y soberano. Ahora se instruye a los pequeños en la doctrina comunista, que no ha dejado sino violencia y miseria donde se ha ensayado.

Solo la tradición viva nos transmite esos valores esenciales de la civilización occidental, democrática y cristiana, tales como el culto a la Verdad, la solidaridad con nuestros prójimos, la conciencia del deber, el respeto por la Creación,  la práctica de la honradez en todas nuestras actuaciones. Principios confinados ahora en el refugio del hogar y transmitidos de generación en generación.

¿Cómo debemos actuar ante esta avalancha destructora que pretende regresarnos a un mundo bárbaro? Reconocer, en los síntomas que a diario nos presentan las noticias, el peligroso abismo que espera a nuestra sociedad:  el asesinato de soldados y policías, la proliferación del cultivo de cocaína, el imperio de la impunidad, la premiación con curules a los más crueles criminales de nuestra historia,  son apenas las puntas del iceberg .

Lo peor está por venir: Conducidos como borregos al matadero marcharemos al ritmo de las falsas promesas de la izquierda radical y no habrá otra alternativa en el 2022 que votar por quien con coraje enfrente esta terrible amenaza y se comprometa con el regreso a los valores cristianos y democráticos mediante un plan integral de RECONSTRUCCIÓN NACIONAL, por 4 años, o, apoyar a los falsos profetas comunistas, ahora autodenominados progresistas, los cuales se atornillarán en el poder durante 30 o 40 años, siguiendo el ejemplo de sus compinches de Venezuela o Cuba.

Luis Alfonso García Carmona, Director Alianza Reconstrucción Colombia, 21/07/2020

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